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¿Qué es el TDAH (Transtorno por Déficit de Atención e Hiperactividad)?

 

TDAH son las siglas de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Según Barkley (1997), nos referimos a un “trastorno del sistema ejecutivo del cerebro que provoca problemas en el manejo de la conducta del niño, disminuyendo la capacidad de guiar su comportamiento en su preparación para eventos futuros, así como en la autorregulación del afecto y de la motivación”.

Es el trastorno con mayor incidencia en la población infantil, afecta a entre un 3% y un 7% según la American Psychiatric Association (APA, 2002). Para Barkley (2006) los índices oscilan entre un 7 y un 17 % de niños en edad escolar, y según Servera (1999) la tasa de prevalencia sería de 5 % en la población normal, pudiendo quintuplicarse en la población clínica infantil.

Los síntomas del TDAH son independientes unos de otros. No todos los niños con el trastorno manifiestan los mismos síntomas ni con la misma intensidad. Sin embargo, en los estudios realizados por Martín González et al. (2008) se aprecia un bajo rendimiento de la población TDAH en las tareas de planificación, inhibición,  flexibilidad cognitiva, fluidez verbal y memoria de trabajo.

De la diversidad de manifestaciones del TDAH se diferencian tres presentaciones según el DSM-V Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (2013):

  • Presentación predominante con falta de atención.
  • Presentación predominante hiperactiva/impulsiva.
  • Presentación combinada déficit de atención e hiperactividad/impulsividad.

– Características de la conducta impulsiva: Dificultades para detenerse y pensar antes de actuar, poca previsión de las consecuencias de los actos, interrupciones frecuentes, precipitación a la hora de hablar, impaciencia generalizada, dificultades para aplazar una gratificación inmediata y baja tolerancia a la frustración.

– Características de la falta de atención: Aparente estado de ensoñación, poca atención, distracciones frecuentes, comisión de errores por descuido, evitación de tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido, dificultad de organización interna y externa. Los mayores impedimentos aparecen cuando se realizan tareas repetitivas y monótonas que requieren esfuerzo.

Es importante remarcar que el TDAH es más un problema de desempeño que el simple hecho de no tener la atención deseada en determinados momentos. Todas estas limitaciones se deben, en su mayor parte, no a una rebeldía y desmotivación voluntarias, sino a las características propias del trastorno.

Sólo si tenemos en cuenta la diversidad de factores que pueden influir en la conducta de los niños/as y existe una coordinación entre familia, escuela y profesionales, podremos lograr una evolución positiva del niño con TDAH.

 

¿Cómo se manifiesta?

Si nos referimos a un niño o niña con TDAH en etapa preescolar, posiblemente la manifestación del trastorno será mediante alteraciones en el comportamiento, tienen dificultades para controlar y regular su conducta. En estos niños ciertas funciones ejecutivas se van desarrollando más lentamente. Es muy importante, como adultos, ayudarles a desarrollar sus habilidades sociales y a interaccionar de manera efectiva con sus iguales, así como a establecer unos límites claros.

Cuando el niño o niña pasa a la etapa de primaria, las exigencias suelen ser mayores, ya que las actividades requieren una mayor concentración. Es en este momento cuando suelen empezar a destacar más los síntomas; a veces no terminan las tareas o no respetan los turnos de palabra. En este momento, no se trata sólo de alteraciones en el comportamiento sino que empieza a ser más global. En esta etapa les ayudará mucho sentirse comprendidos, establecer hábitos y pautas de organización o llegar a pactos con ellos. Se debe tener muy en cuenta la autoestima del niño o niña en cuestión, ya que puede verse afectada.

La adolescencia es una etapa que se caracteriza por la búsqueda de la propia identidad. Es posible que sus problemas se vuelvan más complejos puesto que no sólo tienen que enfrentarse a exigencias académicas, de interacción social o autoestima, sino que los problemas conductuales pueden llevarles a tomar decisiones equivocadas. Es una etapa en la que será necesario fortalecer los límites, la escucha efectiva, la empatía y la autonomía, así como dar responsabilidades y permitir que se participe en decisiones importantes.

Según Trinidad y Johnson (2002) los adolescentes emocionalmente inteligentes y con habilidades sociales detectan mejor las presiones emocionales que puedan aparecer y son capaces de afrontar las diferencias entre sus propias emociones y las del resto de compañeros.

 

¿Cómo podemos ayudarles?

En la convivencia con un niño o adolescente con TDAH nos podemos encontrar con algunas dificultades. Es un trastorno que, tal y como hemos comentado, puede ocasionar problemas en el desarrollo de una persona, entre ellos disminución del rendimiento académico, dificultades en la adaptación social y como resultado, desajustes emocionales. Es por ello que el núcleo familiar debe tener en cuenta estos factores e intentar minimizar al máximo las consecuencias negativas que puedan derivar de ello. Para esto, proponemos una serie de pautas concretas que pueden beneficiar su desarrollo:

  • Dotar al niño de una estructura clara y concisa.
  • Establecer consecuencias inmediatas a sus actos.
  • Ser constante.
  • Establecer un buen clima familiar.
  • Tomar decisiones consensuadas entre los padres y tener un mismo estilo educacional, en el caso de haber más de un referente.
  • Negociar y hacer pactos con el niño.
  • Dar estímulos concretos e influyentes y refuerzos positivos.
  • Dar explicaciones concisas.
  • Exigir preferentemente aquello que el niño o niña pueda cumplir.

 

¿Cómo colaborar desde la escuela?

 Desde las escuelas se deben dar las estrategias necesarias para que cada niño o niña desarrolle al máximo sus capacidades. Cada persona es única, por tanto piensa, actúa e interioriza la información de forma diferente. Debemos tratar la individualidad partiendo de los puntos fuertes de la persona, sólo así potenciaremos sus cualidades.

A continuación destacamos ciertos factores relevantes que pueden beneficiar al desarrollo, aprendizaje y socialización de estos niños:

  • Cambiar el prisma con el que miramos a los niños y niñas con TDAH.
  • Evaluar y entrenar conocimientos y habilidades por separado.
  • Flexibilizar los deberes.
  • Adaptar los exámenes si fuera preciso.
  • Dotar de estrategias y tiempo para la organización y las tareas escolares.
  • Buscar el modo en que pueda destacar positivamente entre sus compañeros.
  • Programar la estimulación y refuerzo de aquellas habilidades en las que suelen tener dificultades.

 

Laura Justicia Bueno

Psicopedagoga y maestra

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